
Cuando las parejas se unen en una relación, la mayoría lo hace con un amor genuino y sin ningún tipo de restricción. El problema casi siempre empieza cuando pasa la etapa de luna de miel, luego de dos a cuatro años y se empieza a ver a la persona tal y como es. En muchas ocasiones nos ocurre y nos damos cuenta que estamos viviendo en una relación de dos bolsillos. Cuando esto ocurre, la relación comienza a drenarse de forma natural hasta su posible fracaso en un futuro no muy lejano. Por qué puede llegar el fracaso… simple, porque ni el amor más grande del mundo puede superar la carencia económica en una relación de pareja.
En una relación de pareja siempre va a existir el buen administrador y el mal administrador, el soñador de metas exageradas y el que tiene los pies en la tierra. No importa cual seas tú en tu relación, lo importante es que pueden haber diferencias de criterios, opiniones, gustos y hasta metas, pero cuando se trata del dinero, si la pareja tiene bolsillos divididos nunca llegará a sus máxima expresión y alcanzar grandes proyectos. este fenómeno en las relaciones de pareja crea entre otras cosas las siguientes situaciones:
- Poca acumulación de ahorros.
- Mucha acumulación de deudas.
- Poca adquisición de activos.
- Mucha adquisición de pasivos.
- Desventaja para el cónyuge que no es buen administrador.
- Exceso de poder al cónyuge que es buen administrador.
- Sentimientos de que el amor se está terminando en la relación.
- Más interés por los hij@s hacia el integrante que saben tiene o maneja mejor el dinero.
Definitivamente en una relación donde los bolsillos son divididos, no hay amor genuino, no hay metas en común y posiblemente es una pareja destinada al fracaso. Si en una relación de pareja las finanzas no están claras, la relación no está a salvo.


